LABOREM
Cuatro personas apuntando los pedidos a mano, cada una a su manera: en cuadrículas de papel, o en el papel que hubiera encima de la mesa. Llegaban clientes semanas después preguntando por un pedido que se había perdido entre tantos papeles.
No hay aplicación. No hay nada que aprender. La herramienta vive en el grupo de Telegram donde ya hablaban.
Los pedidos se dictan por voz o se escriben como salga, y el bot los archiva separando cliente, material, estampación, proveedor, contacto y fecha. Con eso monta la lista de cada proveedor, cuenta cuántas estampaciones hay que imprimir, avisa cuándo toca empezar cada uno y actualiza el material al entregarlo.
Para redes, el equipo solo graba su trabajo del día. El bot monta las publicaciones, los reels y las historias con la marca de agua, la música y un pie de texto documentado para cada cliente. Cada mañana a las nueve deja lista una pieza.
Lo que no estaba en el encargo: una base de datos de clientes construida sola a partir de los pedidos. Ahora preguntan meses después de qué color era el hilo de un cliente, y hay respuesta.
antes no publicaban ninguna +40 pedidos al mes,
ninguno perdido






